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Abuelo, ora por mi

Una madre singular

Este pasado mes de mayo hemos celebrado el Día de la Madre. La mayoría de los que leeremos este artículo hemos pasado los primeros años de nuestra vida al lado de una mujer, nuestra madre.

Las palabras de una madre nunca son olvidadas y su recuerdo dura toda la vida.

Pensando en madres en las que nos podríamos inspirar, ha venido a mi mente María, la madre de Jesús.

María, la mujer que dijo SÍ al plan de Dios. Por inverosímil, inconcebible, inaudito, descabellado que pudiera parecer, ella dijo SÍ a una propuesta sin precedentes y extremadamente arriesgada.

Era una joven adolescente procedente de una familia humilde. No era reina ni rica. Era una joven pobre de Nazaret de apenas unos 16 años.

De repente una mañana tranquila de su vida, un ángel se le aparece y le suelta una bomba: embarazo sin esposo, en una cultura que se apedreaba a la mujer en esta situación.

Todos conocemos la historia….

Dios se fija y elige precisamente a quien el mundo no miraría. A la que no tiene títulos, ni influencia, ni poder ni dinero. Elige a la humilde para hacer algo grande SER Y HACER DE MADRE DE JESÚS.

Que distintos los parámetros de Dios para escoger a alguien que desempeñe uno de los trabajos más importantes en este mundo: SER MADRE.

Si leemos con atención, lo que conocemos como El Magníficat de María (su encuentro con su prima Elisabet) nos daremos cuenta de que María menciona 15 referencias del Antiguo Testamento de la Biblia. Para ser una chica de Nazaret, sin escuela rabínica, muestra que tenía las Escrituras en la sangre.

¿De dónde le viene tal conocimiento? De su hogar. Ella creció en un hogar donde Dios estaba presente, donde se enseñaba Su Palabra y pudo ver en sus padres, Joaquín y Ana, un matrimonio coherente y comprometido con su fe.  María aprendió de pequeña todo lo que Dios había hecho con Su pueblo Israel y creyó que este mismo Dios la acompañaría en este reto tan singular como arriesgado, ser la Madre de Jesús.

Esto, queridos, me enseña lo importante que es lo que se “respira” en casa…nuestros hijos, nietos captan el lugar que Dios ocupa en nuestra vida. El hogar imprime una huella indestructible en la vida de nuestros nietos. Lo que aprendemos en casa nos persigue.

Cuando un hogar “cristiano” no vive lo que dice creer, los niños viven en una esquizofrenia espiritual. Lo que sus ojos ven, no “casa” con lo que sus oídos oyen.

No podemos cambiar lo que viven nuestros nietos en sus casas, pero sí podemos marcar una diferencia cuando ellos vienen a la nuestra.

Los niños aprenden los valores de sus padres, pero los captan de los abuelos.

Os invito a todos los que sois cristianos y creemos en el poder de la oración a:

  • Trabajar para que nuestro hogar sea un lugar donde nuestros nietos puedan ver y aprender de Dios.
  • Orar por cada uno de nuestros hijos. Que Dios los guie y deseen vivir la verdad de Dios en casa.
  • Orar por cada uno de nuestros nietos, que puedan ver en nosotros y a través de nosotros el amor de Dios y hacérselo suyo.
  • Orar, como María, para tener un corazón dispuesto a hacer Su voluntad.
Cesca Planagumà

Orientadora Familiar

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