
La primavera siempre llega en marzo, trayendo consigo un aire de renovación. Es un puente entre el frío del invierno y el renacer de la naturaleza. Con ella, no solo florecen los árboles y los jardines, sino también la vida de muchas familias, se transforma. Como dice el refrán: “La primavera la sangre altera”, y en esta época de transición y cambios, los abuelos y sus nietos encuentran nuevas oportunidades para compartir, aprender y fortalecer su vínculo, dejando huellas imborrables en sus corazones.
Es el momento perfecto para volver a los paseos al aire libre, redescubrir juntos la belleza de los parques y llenar las tardes de risas y juegos, y de pasos pausados de aquellos que ya hemos visto florecer muchas estaciones en la vida. Con la llegada de esta estación, los días se alargan, las rutinas cambian y las relaciones familiares se transforman y adaptan a este nuevo ritmo. Hasta las horas de sueño deben de ajustarse al nuevo horario.
Es un tiempo que nos recuerda la importancia del papel de los abuelos en la vida de los más pequeños. No solo ayudamos con las tareas escolares o contamos historias llenas de enseñanzas, sino que también somos un refugio, un espacio seguro donde las preocupaciones se disipan, donde siempre hay tiempo para escuchar, jugar y compartir un chocolate caliente con un abrazo sincero. Nuestra presencia y con esa serenidad que solo la experiencia puede aportar, es un recordatorio de que, pase lo que pase, la familia sigue siendo el núcleo más fuerte de la sociedad.
La primavera es, a la vez, una invitación a reflexionar sobre nuestra propia y personal relación con el tiempo y el crecimiento. Observar los árboles florecer siempre me ha parecido un espectáculo fascinante. Me recuerda las palabras del salmista David: “Dichoso el hombre que se deleita y medita en la palabra de Dios. Será como un árbol plantado a la orilla de un río, que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan.” Así como los árboles bien arraigados siempre encuentran sustento, los nietos, como retoños en crecimiento, necesitan la guía experimentada y el amor incondicional de sus abuelos para crecer fuertes y seguros. Un abuelo, unos abuelos firmes en su fe, y en sus convicciones proporcionan una base estable para que sus nietos crezcan bien arraigados en amor, respeto y temor de Dios.
Desde SPA, deseamos que cada historia compartida, cada paseo tomado de la mano y cada enseñanza transmitida se conviertan en raíces firmes en las vidas de nuestros nietos. Que nuestros nietos crezcan, con el tiempo y a su tiempo, como árboles bien plantados y arraigados, dando frutos de amor, respeto, sabiduría y en el temor de Dios. Que esta época de cambios sea también una época de renovación, esperanza y una muestra del poder de Dios para hacer nuevas todas las cosas.
Cada primavera nos enseña que el cambio es inevitable, pero también que en ella reside la oportunidad de nuevos comienzos. Es una nueva invitación a soltar lo viejo y abrirnos a lo nuevo. Es el tiempo ideal para renovar la conexión con nuestros nietos, sembrando en ellos semillas de amor, valores y fe.
Nota: ¿Cómo podemos ayudar de una forma práctica a los nietos a crecer como árboles fuertes en la fe y en los valores permanentes? Por favor compártelo en esta sección. Muchas gracias.