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Editorial

Lo que no ha pasado con nosotros… pasará a partir de nosotros

Los abuelos no nos cansamos… no del todo. Las rodillas crujen, las pilas se gastan, pero un abrazo de un nieto lo recompone todo. Hemos corrido una larga maratón y hoy sentimos que la campana de la última vuelta nos llama a dar lo mejor, porque las carreras —las importantes— siempre se ganan al final.

La vida es como una carrera de relevos: una generación entrega el testigo y otra lo recibe. Ese testigo es el legado que dejamos: nuestras experiencias, valores, aprendizajes, para muchos, una fe que no puede esconderse, en definitiva nuestra historia. En tiempos llenos de ruido y confusión para nuestros nietos, nuestra voz—cálida, firme y llena de esperanza— es más necesaria que nunca. La fe crece cuando se vive y se comparte, y somos nosotros quienes debemos transmitirla.

Pasar el testigo no significa abandonar la pista, al contrario, significa seguir presentes, influyendo y sosteniéndolo. Muchos mayores han creído que su tiempo ya pasó, pero es un error. El liderazgo cambia de generación, sí, pero la influencia, la presencia y el propósito no se jubilan. Dios no nos retira: nos reubica. Y esta etapa tiene un brillo especial: menos prisas, más profundidad, más claridad sobre lo que realmente importa.

El Congreso de Abuelos SPA25 nos ha recordado que los abuelos somos INFLUENCERS reales. No por tecnología, sino por vida: por nuestras historias, oraciones, silencios sabios, lágrimas y abrazos que dejan huella. Nuestros nietos buscan referentes, y nos miran a nosotros. Nos necesitan firmes, sensibles, presentes y sabios.

Tenemos una nueva misión: ser abuelos que conectan generaciones, que unen corazones, que interceden por los suyos y transmiten un legado vivo. Una misión, emocionante y urgente, porque, aunque aún tenemos recorrido, no tenemos todo el tiempo del mundo.

El Congreso ha terminado, sí… pero la misión empieza ahora. No salimos del evento y dejamos atrás el Congreso: entramos a nuestra nueva misión, uniéndonos a la oración del Salmo 71: “Aun en la vejez y las canas… no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la generación venidera.” El salmista no pide jubilación. Pide fuerzas para seguir. Porque cuando un abuelo ora, el cielo se mueve y la tierra se conmueve. Que Dios nos dé fuerzas para anunciar su grandeza a la generación que viene.

“Lo que no ha pasado con nosotros… pasará a partir de nosotros.”

 Hoy comienza un movimiento. Y tú eres parte esencial de él, ¿te unes la nueva misión?

 Que Dios nos conceda ser los mejores abuelos posibles: los que conectan corazones, unen generaciones y dejan un legado que permanece.

Víctor Miron

Orientador Familiar. Máster Educación Familiar. Nacido en Barcelona, casado, tiene 3 hijos y 6 nietos.

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